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En esta serie de pequeños artículos quiero, desde mi experiencia como madre y como profesional del Crecimiento personal Consciente, compartir algunas prácticas que nos ayuden a mantener el equilibrio y aportar a nuestros hijos la estabilidad necesaria para estar en contacto con sus emociones. Utilizando sus recursos internos pueden reconocerlas, comunicarlas y gestionarlas, y podemos darles técnicas y prácticas a las que recurrir cuando lo necesiten, ahora y en el futuro.

Os hablo un poco de mi. Soy madre de dos hijos adolescentes maravillosos, una niña de 12 y un niño de 15 años. Mi maternidad me ha llevado a interesarme e investigar dentro de mi campo profesional cómo aplicar todo lo aprendido para educar y relacionarme mejor con mis hijos, generar una vía de comunicación desde muy pequeños y darles espacios para equivocarse y aprender… sin perderme a mi misma en el intento. A veces me he convertido en una hidra furiosa, he perdido la paciencia, no he escuchado y he estallado agotada por el día a día; tal vez por eso sé que la practica sostenida de lo que llamamos mindfulness funciona.

El mindfulness es para-observar-respirar y responder… sí, RESPONDER en lugar de REACCIONAR. Hacerlo con un silencio que no pone en duda mi autoridad, si no que tal vez abre un espacio para calmarnos y poder hablar, eligiendo el momento, eligiendo bien mis batallas y sobre todo practicando la escucha atenta, algo que como madre «solucionatodo» me resultaba difícil.

Creo que ser padre o madre es una aventura emocionante y a veces agotadora. Una amiga me dijo una vez cuando estaba embarazada que «no se empieza a ser consciente de lo que es ser madre hasta que no te ponen a tu primer hijo en tus brazos y comienzas a andar este sendero de su mano». Eso es la paternidad consciente, ver ese camino no como algo que recorres con la responsabilidad de decirle a tu hijo cómo debe vivir su vida, si no como un camino conjunto, un descubrimiento mutuo donde tu serás el líder, el guía y también el aprendiz.

Los grandes maestros hablan de que el verdadero camino de la sabiduría es estar abierto siempre a aprender; nuestros hijos son un maravilloso espejo para descubrir sentimientos inconscientes de nuestro pasado emocional que nos dan la oportunidad de crecer y de desarrollarnos interiormente, drenando viejas creencias limitantes, trascendiendo y liberando nuestras heridas y no proyectando en su educación nuestros miedos o deseos no cumplidos.
Es así como nos convertiremos en auténticos guías, enfocando la relación con nuestros hijos desde la atención plena del momento presente, con curiosidad, sin juicios, con mente abierta para vivir esa experiencia como un encuentro de almas, como un camino a explorar juntos, un camino único, un camino diferente para cada familia. Este camino es la aventura de construir una relación basada en el amor, en la comunicación y en el respeto a la individualidad de cada uno.

La paternidad consciente requiere valor para iniciar este descubrimiento interior, pero la recompensa es convertirnos en seres mas plenos y conscientes y así ayudar a nuestros hijos a conectar con todas sus posibilidades desde sus mejores fortalezas, con herramientas para crecer desde lo mejor de si mismos, aprendiendo a ser mas resilientes y con una mayor valoración de si mismos.

Si nosotros estamos en nuestro centro, conectados con nuestro propósito de vida, en paz con nosotros mismos, nuestros hijos crecerán conectando con la abundancia de la vida, aceptando y valorando los regalos que nos ofrece, gestionando su camino con curiosidad, valentía y compromiso, respondiendo conscientemente a los retos y a las circunstancias difíciles. En definitiva, les ayudaremos a ser adultos felices y padres conscientes. Estaremos cambiando el paradigma educativo de las generaciones futuras y generando un verdadero cambio de conciencia.

Aquí tienes un pequeño ejercicio para parar y observarte; te invito a que lo explores y observes qué sucede al practicarlo. Recuerda que, si el cuerpo necesita entrenar para mejorar su tono muscular, la mente también necesita entrenar otras actitudes.

«La superación del miedo es el origen de la sabiduría», Beltrand Russell.

 

Desde hace meses como individuos y como sociedad hemos tenido que afrontar que nuestra forma de vivir, lo que hasta ese momento no se ponía en duda, nuestras rutinas diarias, lo que conocíamos como “normal”, cambió drásticamente para pasar a ser una “nueva normalidad” llena de incertidumbre y donde no hay certezas. Esta situación nos lleva a vivir en el aquí y en el ahora, momento a momento. Es muy importante estar presentes en nuestras vidas para actuar sobre aquello en lo que SÍ tenemos capacidad de actuar y aceptar lo que NO podemos modificar.

Toda crisis es una oportunidad de crecimiento. Es verdad que para cada uno este confinamiento ha supuesto algo diferente, distintas situaciones desde nuevas formas: trabajar desde casa, estar más tiempo en familia, gestionar el caos de los niños… a otras más difíciles como la soledad, convivencias complicadas, hospitalizaciones, enfermedad y la perdida de seres muy amados. En todos los casos el miedo ha estado presente.

El miedo es un mecanismo que desde las cavernas hasta hoy nos ha permitido sobrevivir evaluando situaciones y posibles peligros. Pero cuando este miedo deja de convertirse en precaución y nos paraliza, atenaza y guía nuestras decisiones, comienza a limitarnos ¿Qué hacer entonces?

La primera tendencia que yo he identificado con mi practica de mindfulness es que, al ser una emoción incómoda, tendemos a evitarla; no funciona porque cuando lo niegas, el miedo se hace más grande y presente. Limita y paraliza.

«El miedo es el guardián del sufrimiento», como indica Paloma Cabadas en su libro El trauma nuclear de la conciencia.

Cuando nos dejamos atrapar por el miedo, nuestros pensamientos entran en un bucle de pensamientos preocupantes que no nos deja encontrar estrategias y soluciones positivas y creativas, nos desanima y nos desmotiva, empleando cantidades enormes de energía ante la ansiedad, la ira, la tristeza y el estrés que esto nos genera. Bioquímicamente afecta a nuestro sistema inmune y a nuestra salud en general, ya que se genera en la mente, pero se manifiesta en el cuerpo.

Desde la atención plena a nuestro estado interior en cada momento, reconoceremos ese miedo y la forma en que cada uno de nosotros lo siente en su cuerpo, qué reacciones automáticas pone en marcha, y de forma consciente activaremos nuevas estrategias y recursos internos. Te invito a explorar tres de ellas:

PRACTICA LA GRATITUD. Da las gracias todos los días por las personas o por pequeñas cosas del día a día, o quizá por la oportunidad de reinventarte cada mañana.

SE SINCERO Y HONESTO. Contigo y con lo que aparece en cada momento, te guste o no. Así podrás DARTE CUENTA de que las emociones son como el tiempo atmosférico, cambiantes a lo largo del día.

DEJA DE QUEJARTE. Toda la energía que utilizas para quejarte, empléala en actuar desde tu autoconfianza y valor interior. Desde tus mejores talentos. Desde el amor, ya que si eliminas el miedo a ser tu mismo lo único que queda es el amor y la confirmación de ser valorado y querido.

Si vivimos en el miedo nos limitamos a ser una versión no actualizada de nuestras mejores cualidades, perdiéndonos los momentos de alegría y disfrute que existen en muchas pequeñas cosas de nuestro día a día. Cada respiración, cada mirada, cada saludo, cada conversación, un gesto amable de un vecino, una pequeña ráfaga de aire fresco en un momento de calor… pequeñas cosas irrepetibles y únicas ¿No crees que vale la pena estar presente para vivirlas?

Así que sí que tenemos una elección, sea cual sea la situación que nos toque vivir: podemos vivirla desde al amor, la alegría y el disfrute de la vida o desde el miedo. Sintonizar con el amor es hacerlo con una fuerza interior que te impulsa; eso no quiere decir que no estemos tristes, cansados, irritables, preocupados por la salud o por nuestra situación laboral o económica. Desde el amor nuestra actitud será positiva, creativa y nos dará la oportunidad de maximizar nuestros recursos internos e implementar nuevas soluciones.

Haz de tu miedo tu aliado, aceptando que esta aquí, mirándolo a los ojos y atreviéndote a andar ese camino, disfrutándolo conscientemente, desde la seguridad de que los cambios suceden constantemente en la vida. Creo que el valiente no es el que no tienen miedo, si no el que reconoce ese miedo y aún así toma su camino desde una elección consciente de los retos, dificultades y oportunidades que hay en él.

«Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor», S. Beckett.

«Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos», Marie Curie. 

«Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. Que dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama continúa e intensamente», Viktor Frank.