Entradas

“El mundo está en ti, no tú en el mundo”

Las experiencias difíciles pueden ser nuestros maestros, en nuestro camino de crecimiento interior. Cada persona que entra en nuestra vida y nos irrita, cada situación que nos genera reactivad, no es más que una personificación de lo que mantenemos en nuestra sombra. Aquello que no queremos mostrar o ver de nosotros mismos.

Todo lo que vemos fuera de nosotros confirma, de alguna manera, una realidad interior que convive de forma no consciente en nosotros.

Krishnamurti, uno de los grandes pensadores filosóficos y espirituales del siglo XX, dice en sus escritos y charlas que lo que nos hace libres no es un esfuerzo externo sino la serenidad interior. Para él, esta libertad, no está al final del camino de crecimiento, si no aquí y ahora, en este instante. Cuando vivimos esta liberación interior, nos vemos libres de la influencia de los miedos y apegos, del caos y el desorden interior, del Ego mal entendido.

Aquí es donde la meditación y su práctica, donde el entrenamiento de nuestra atención, puede ayudarnos. Un camino empieza siempre por el primer paso.¿Te animas a explorar esta práctica?

Para ello te invitó a que pruebes a sentarte en un lugar tranquilo, en tu casa o en el parque. La espalda recta pero relajada, las manos, reposando sobre los muslos, relajadas en la medida de lo posible. Deja descansar tu atención suavemente en la planta de los pies en contacto con el suelo, si estás en una silla o en un banco, o en los puntos de contacto de tus glúteos con el suelo, si estás sentado con las piernas cruzadas. Lleva  ahora tu atención, que no tu pensamiento, por un momento, a tu cuerpo así sentado y acomoda lo que aún necesite ser acomodado para comenzar. Observa tu respiración, sin necesidad de cambiar nada, de hacer nada diferente, simplemente dejando ser lo que ya está aquí contigo. Y ahora, continua con las indicaciones que dio Krishnamurti en una ocasión al terminar una charla, es un regalo para practicar la meditación unos pocos minutos cada día:

“Ante todo permanezcan así sentados en completa quietud, cómodamente, muy serenos, relajados; Ahora, miren los árboles, las colinas, la sombra de esas colinas, mírenlas, miren la cualidad de su color, obsérvenlas. No me escuchen a mí. Observen y vean esos árboles. No los miren con la mente, sino con los ojos. Después de haber mirado todos los colores, la forma del suelo, de las colinas, de las rocas, la sombra que proyectan, trasládense entonces de lo externo a lo interno y cierren los ojos, cierren los ojos completamente. Han terminado de mirar las cosas exteriores y ahora, con los ojos cerrados, pueden mirar lo que ocurre dentro. Observen lo que ocurre dentro de ustedes, no piensen, sólo observen, no muevan los globos oculares, manténgalos muy, muy quietos, porque ahora no hay nada que ver con ellos, ustedes han visto las cosas que les rodean, ahora están viendo lo que ocurre dentro de la mente, y para ver lo que ocurre dentro de la mente deben estar muy quietos en lo interno. Y cuando hacen esto, ¿saben lo que les sucede? Se vuelven muy sensibles, muy atentos a las cosas externas e internas. Entonces descubren que lo externo es lo interno, descubren que el observador es lo observado”.

«La superación del miedo es el origen de la sabiduría», Beltrand Russell.

 

Desde hace meses como individuos y como sociedad hemos tenido que afrontar que nuestra forma de vivir, lo que hasta ese momento no se ponía en duda, nuestras rutinas diarias, lo que conocíamos como “normal”, cambió drásticamente para pasar a ser una “nueva normalidad” llena de incertidumbre y donde no hay certezas. Esta situación nos lleva a vivir en el aquí y en el ahora, momento a momento. Es muy importante estar presentes en nuestras vidas para actuar sobre aquello en lo que SÍ tenemos capacidad de actuar y aceptar lo que NO podemos modificar.

Toda crisis es una oportunidad de crecimiento. Es verdad que para cada uno este confinamiento ha supuesto algo diferente, distintas situaciones desde nuevas formas: trabajar desde casa, estar más tiempo en familia, gestionar el caos de los niños… a otras más difíciles como la soledad, convivencias complicadas, hospitalizaciones, enfermedad y la perdida de seres muy amados. En todos los casos el miedo ha estado presente.

El miedo es un mecanismo que desde las cavernas hasta hoy nos ha permitido sobrevivir evaluando situaciones y posibles peligros. Pero cuando este miedo deja de convertirse en precaución y nos paraliza, atenaza y guía nuestras decisiones, comienza a limitarnos ¿Qué hacer entonces?

La primera tendencia que yo he identificado con mi practica de mindfulness es que, al ser una emoción incómoda, tendemos a evitarla; no funciona porque cuando lo niegas, el miedo se hace más grande y presente. Limita y paraliza.

«El miedo es el guardián del sufrimiento», como indica Paloma Cabadas en su libro El trauma nuclear de la conciencia.

Cuando nos dejamos atrapar por el miedo, nuestros pensamientos entran en un bucle de pensamientos preocupantes que no nos deja encontrar estrategias y soluciones positivas y creativas, nos desanima y nos desmotiva, empleando cantidades enormes de energía ante la ansiedad, la ira, la tristeza y el estrés que esto nos genera. Bioquímicamente afecta a nuestro sistema inmune y a nuestra salud en general, ya que se genera en la mente, pero se manifiesta en el cuerpo.

Desde la atención plena a nuestro estado interior en cada momento, reconoceremos ese miedo y la forma en que cada uno de nosotros lo siente en su cuerpo, qué reacciones automáticas pone en marcha, y de forma consciente activaremos nuevas estrategias y recursos internos. Te invito a explorar tres de ellas:

PRACTICA LA GRATITUD. Da las gracias todos los días por las personas o por pequeñas cosas del día a día, o quizá por la oportunidad de reinventarte cada mañana.

SE SINCERO Y HONESTO. Contigo y con lo que aparece en cada momento, te guste o no. Así podrás DARTE CUENTA de que las emociones son como el tiempo atmosférico, cambiantes a lo largo del día.

DEJA DE QUEJARTE. Toda la energía que utilizas para quejarte, empléala en actuar desde tu autoconfianza y valor interior. Desde tus mejores talentos. Desde el amor, ya que si eliminas el miedo a ser tu mismo lo único que queda es el amor y la confirmación de ser valorado y querido.

Si vivimos en el miedo nos limitamos a ser una versión no actualizada de nuestras mejores cualidades, perdiéndonos los momentos de alegría y disfrute que existen en muchas pequeñas cosas de nuestro día a día. Cada respiración, cada mirada, cada saludo, cada conversación, un gesto amable de un vecino, una pequeña ráfaga de aire fresco en un momento de calor… pequeñas cosas irrepetibles y únicas ¿No crees que vale la pena estar presente para vivirlas?

Así que sí que tenemos una elección, sea cual sea la situación que nos toque vivir: podemos vivirla desde al amor, la alegría y el disfrute de la vida o desde el miedo. Sintonizar con el amor es hacerlo con una fuerza interior que te impulsa; eso no quiere decir que no estemos tristes, cansados, irritables, preocupados por la salud o por nuestra situación laboral o económica. Desde el amor nuestra actitud será positiva, creativa y nos dará la oportunidad de maximizar nuestros recursos internos e implementar nuevas soluciones.

Haz de tu miedo tu aliado, aceptando que esta aquí, mirándolo a los ojos y atreviéndote a andar ese camino, disfrutándolo conscientemente, desde la seguridad de que los cambios suceden constantemente en la vida. Creo que el valiente no es el que no tienen miedo, si no el que reconoce ese miedo y aún así toma su camino desde una elección consciente de los retos, dificultades y oportunidades que hay en él.

«Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor», S. Beckett.

«Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos», Marie Curie. 

«Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. Que dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama continúa e intensamente», Viktor Frank.